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La cultura es la memoria del pueblo, la conciencia colectiva de la continuidad histórica, el modo de pensar y de vivir” (M. Kundera). Ser humanista implica el deseo de saberse, de conocer los mecanismos que construyeron el mundo, sus ideas perecederas y las que todavía nos parecen perennes. Una invitación al desarrollo de la actitud crítica, al despertar de la conciencia, al baño refrescante de las muchas lenguas que intentan hacerse oír, al cálido zumbido de la literatura acariciando las mejillas de la mente; al recuerdo de lo que fue, de lo que no fue y pudo ser, de lo que puede ser y quizás será; a los modos de vida y de esperanza, a las formas de entender las relaciones y las relaciones del entendimiento. Humanĭtas: la esencia de la humanidad destilada en palabras, ideas, obras de arte, costumbres, lugares y en la melódica confusión de la polifonía del tiempo en bocas eternas.

¿Quién dijo que los estudios humanísticos no son “scientia”? ¿Acaso la Filología, la Lingüística, la Literatura, la Filosofía, la Antropología, la Historia, la Historia del Arte, las Bellas Artes, la Arqueología y la Geografía entre otras muchas, no son también áreas de conocimiento con mayúsculas?, ¿No constituyen un acervo de conocimientos razonados y sistemáticamente estructurados que sirven de base a estudios predictivos, experimentales o analíticos; y desarrollan la maestría y las habilidades relacionadas con la cultura? Son disciplinas introspectivas, que analizan e interpretan un cosmos quizás igual de insondable que el exterior. Las humanidades son versátiles, utilizan métodos estadísticos basados en el macroanálisis (Big data) y en corpus específicos, método hermenéutico (interpretación y contextualización de los resultados); análisis contrastivo, sincrónico y diacrónico. Como cualquier conocimiento, obedece a paradigmas y cosmovisiones, pero siempre vinculado a la expresión (Lenguaje, Traducción, Literatura y Arte), a la memoria (Historia, Conservación, Archivística, Arqueología), al pensamiento y a la conducta del individuo y del grupo (Filosofía, Psicología, Ética y Sociología), a los lazos interculturales y al enriquecimiento mutuo del mestizaje humano (Estudios Árabes, Islámicos y de Asia oriental).

La apuesta por las humanidades comprende la formación de ciudadanos comprometidos con el ámbito público, gente con espíritu crítico y medios discursivos para expresarlo, personas reflexivas y conscientes de la posible manipulación mediática e histórica. “La cultura es un adorno en la prosperidad y un refugio en la adversidad” (Diógenes Laercio). ¿Quieres conocer el mundo? Habla sus lenguas, vive sus costumbres, construye su ideología, conoce su pasado, comprende su comportamiento, conserva su legado, encuentra sus orígenes y controla tu destino. El estudio humanístico reporta beneficios relacionados con la empatía y la tolerancia étnica, con la flexibilidad de puntos de vista, con la capacidad de argumentar y hacerse entender, con la sensibilización y el goce estético, con la suerte de viajar a otros lugares y momentos a lomos de barcos de papel.

Sin embargo, no todo ni solo son proyectos emocionantes en primera persona, detrás de estos itinerarios académicos aguardan oficios polivalentes. El mundo de la investigación humanística es amplio e interdisciplinar: traductores, miembros de consejos de bioética, docentes, planificadores y asesores, mediadores interculturales, editores, diplomáticos, gestores y guías culturales, arqueólogos, paleógrafos, redactores y comunicadores, cartógrafos, analistas, sociólogos, filósofos, antropológos, geógrafos y urbanistas, especialistas en sistemas de información geográfica, museógrafos y museólogos, lingüistas, bibliotecarios, archivistas, restauradores, técnicos de patrimonio, escultores, pintores, delineantes y un largo etcétera perteneciente a las subramas de cada grado.

Las humanidades, en sentido laxo, comprenden al conjunto de disciplinas que se ocupan de algún modo del ser humano. Por este motivo, guardan estrecha vinculación con las ciencias jurídicas, las sociales, las artísticas, las educativas y las de la comunicación. Es más, de hecho, establecen vínculos con otras ciencias a partir del lenguaje, la conducta e incluso la salud mental. Sapere aude, porque cada miembro de la sociedad puede ser un elemento transformador y positivo de esta. Al fin y al cabo, la primera herramienta y quizás una de las más importantes para cambiar el mundo es la palabra. Las ciencias humanas, en conjunto, desarrollan las inteligencias intrapersonal, interpersonal, existencial, espacio-visual y, especialmente, la lingüística. Además de todo lo dicho, son el complemento idóneo para cualquier persona dedicada a otros campos de estudio, no solo por contribuir al cultivo intelectual, sino también por aportar una perspectiva poliédrica a la existencia.

Dr. Jesús Portillo Fernández.
Universidad de Sevilla – Grupo de Lógica, Lenguaje e Información (GILLIUS).

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